En el número de febrero de 2012, The New Yorker publicó un texto sobre Quentin Rowan, un escritor acusado por plagio compulsivo. De hecho, la historia de este personaje lleva tiempo dando vueltas por la red, pero esta versión es la que más me ha gustado. Yo llegué al relato por casualidad, y si tienen unos 15 ó 20 minutos, deberían leer la pieza completa. Si están cortos de tiempo -o prefieren saber de qué va el artículo antes de mirarlo-, les cuento por qué me llamó tanto la atención....